viernes, 17 de enero de 2014

"Hemos puesto al hombre en el centro, en vez de al Señor"



Gran experto en liturgia, Monseñor Bux habla sobre el Motu Proprio
12/05/2010 José R. Barros


- ¿Podría explicar en qué consiste la participación actuosa de mente y de corazón?

Dice San Pablo en su Carta a los Romanos, en el capítulo 12, que debemos ofrecer nuestros cuerpos como sacrificio razonable, agradable a Dios. Esa es una participación “activa”, es decir; de acto, de acción. Nuestra acción máxima es la de unir nuestra vida a Cristo y, sobre todo, ofrecer nuestra vida a la oferta de Cristo en el sacrificio de la Cruz. Esta es la Misa.

Esta es la participación, la parte que falta cuando San Pablo, en la carta a los colosenses, dice “cumplo lo que falta al sufrimiento de Cristo en mi carne, a favor de su cuerpo, que es la Iglesia”. Él quiere decir que esa actividad, esa acción en la liturgia es unir nuestra vida a la de Cristo. Esa es la participación que la constitución litúrgica del concilio habla y remite: promover, pedir. Por tanto, que los fieles en la liturgia sean conscientes de que cumplen esa parte, que falta -en cierto sentido- a Cristo. Uno puede decir “¿Cómo puede ser? ¿A la Redención de Cristo le falta algo?” No, es completa, “todo está cumplido”. Es nuestra parte la que falta, tenemos que poner de nuestra parte. Esto requiere que miremos a Cristo, que le contemplemos.



- Frente a la participación actuosa, ¿cuales son las características de la mala participación?

Se caracteriza en que, en vez de partir de Cristo, partimos de nosotros mismos, de nuestras ideas, de nuestros proyectos, del deseo de éxito, de organizar la liturgia, de crearla, de cambiarla según los gustos subjetivos y, en suma, poniendo en el centro de la liturgia no al Señor, sino a nosotros mismos. Creo que hoy un síntoma de este centralismo humano, antropologíco, es la sede del celebrante en el centro de la Iglesia. Nunca en la historia se dio así. Incluso el obispo antiguamente no se sentaba nunca en el centro, sino que encabezaba la asamblea, mientras era el altar lo que estaba en el centro.

- Pero hoy la sede está en el centro…

Hemos puesto al hombre en el centro, en vez de al Señor. Alguno puede objetar que el sacerdote representa a Cristo. Sin duda esto es cierto, aunque en una medida muy reducida. Antes Cristo era representado por la centralidad del santuario, del altar. El sacerdote es un ministro de Cristo, por tanto, importante, pero no puede estar siempre en el centro, cuando ofrece la oración de gracias, la eucaristía.



- ¿Por qué la entrada del novus ordo se produjo de una manera tan súbita y, para algunos, tan traumática?

La reforma litúrgica fue impuesta por expertos estudiosos que después se sirvieron de un decreto papal para poder dar fuerza a esa reforma. Es una reforma que no respeta el desarrollo que se había dado antes (1950, 1960) en continuidad, sino que es una reforma que ha creado un trauma. Todos recordamos cuando fue promulgado el calendario de los santos, en 1970; hubo muchas reacciones polémicas; así también cuando fue promulgado el ‘Ordo Missae’, porque se divisaba que venía obligada una forma de celebrar que no estaba en relación con las formas precedentes.

- ¿Esto quiere decir que la reforma de Pablo VI no fue buena?

Era buena, estaba bienintencionada, pero quizás el mismo Pablo VI, como algunos estudiosos han profundizado, no pensaba que se hubiesen traspasado las fronteras que la constitución litúrgica había establecido, sobre todo en el artículo 23, por ejemplo: “que las nuevas formas deben desarrollarse orgánicamente de las ya existentes”. El rito de Pablo VI puede ser celebrado digna y correctamente si se recupera el sentido de la liturgia que tiene el rito tradicional.

- ¿Cual es el objetivo de las reformas litúrgicas de Santo Padre?

Seguir al Papa significa volver a dar centralidad a Cristo en la liturgia, que es el lugar de la presencia de Dios, donde el hombre lo puede encontrar. El hombre de hoy busca a Dios. “En el mundo hay muchos lugares donde la fe corre el riesgo de apagarse”, dice Benedicto XVI a los obispos después de revocar las excomuniones a los cuatro obispos ordenados por Monseñor Lefebvre. En el mundo la fe corre el riesgo de apagarse, hay una necesidad por hacer a Cristo presente en el mundo. Y no hay mejor modo de hacerlo que celebrar la Liturgia en modo ‘mistérico’, digno, profundo. Así que debemos seguir al Papa que conoce bien la liturgia desde el punto de vista histórico, moral, jurídico, pastoral.

- Desde luego, Benedicto XVI aboga por ahondar en el estudio de la liturgia.

Todos -tanto amantes de la tradición como los que aman la innovación- hemos de estudiar más las fuentes litúrgicas, la patrística, las Sagradas Escrituras, la teología medieval y moderna, para descubrir todo lo que se ha desarrollado en 2000 años de historia de la Iglesia. Siempre ha habido reformas litúrgicas, pero no de manera traumática, sino con un desarrollo orgánico. La liturgia se debe desarrollar como se desarrolla un paisaje; no con terremotos, sino con una modificación sin traumas, casi sin darse cuenta. Hoy somos muy sensibles al medio ambiente. No queremos que el paisaje se desgaste, queremos que su desarrollo sea respetado. Así también debe ser para la liturgia.

- Que se celebre la Misa con dignidad tambien parece ser uno de los objetivos de este pontificado.

Dice el Santo Padre que deben haber cada vez más comunidades y lugares ejemplares, que celebren la liturgia con buen ejemplo, con la adoración de Dios. “Participar” quiere decir adorar a Dios, conocer que está presente. Saber que nosotros servimos a Dios, que le damos gloria. Esto es lo que hoy es necesario, porque los jóvenes que buscan climas y ambientes ‘excitantes’ entren en estos ambientes, que no son iguales a los del mundo. Son distintos porque es el lugar del Cielo en la Tierra, el lugar del encuentro del hombre con Dios. Los jóvenes pueden asombrarse de la belleza de las Iglesias.

- La tradición artística de la Iglesia podría ser de gran ayuda para propiciar este encuentro…

Aquí, en España, tenéis unos retablos muy bellos que son un símil de las iconostasis orientales. Cuando uno entra y ve estos retablos extraordinarios, ojos y corazón van a lo alto: el color, el esplendor, la gloria dada a lo divino. También el oído, que escucha la música gregoriana y polifónica. Son cosas que buscan las generaciones jóvenes. Por no hablar de la lengua sagrada, del latín. Hoy los jóvenes viven en una sociedad multicultural. No tienen el problema de decir “no entiendo la lengua”, como las generaciones pasadas. Debemos recrear este clima de la liturgia, que ayuda a la generación de hoy a no buscar en sitios erróneos, sino a buscar a Dios, a buscarse a sí mismos encontrando a Dios.



- ¿El sacerdote mirando a la Cruz en vez de a los fieles cumple una función escatológica?

He dicho antes que la liturgia es la mirada hacia el Señor. De todos, porque la liturgia está enteramente orientada al Señor, es adoración y contemplación del Señor. La posición del sacerdote es vuelto a oriente, es decir, a donde sale el sol, es decir, a Cristo; sol de la justicia, el “sol que surge de lo alto”, como dice San Lucas y en el cántico de Zacarías “el Señor que viene y que vendrá”. Esta mirada, físicamente, está significada por el hecho que también el sacerdote mira a oriente, y todos los fieles, si ven que el sacerdote hace eso, mirarán a oriente también. Como dice el Santo Padre en sus escritos de teólogo, “la Misa no es una especie de círculo cerrado”, donde lo que hacemos es, justamente, un círculo, nos miramos entre nosotros, sino que está abierta al futuro, que viene, que irrumpe.


- ¿La Misa ad orientem ayuda a los fieles a penetrar en el misterio eucarístico?

La palabra “escatología” quiere decir “las últimas cosas que entran en el tiempo”, del griego “escatá”. Es el Señor quien hace las últimas cosas, las cosas siempre nuevas, el Señor que viene a renovar la tierra. La orientación del sacerdote hacia el ábside, hacia la Cruz, es un hecho muy importante. Ahora el Santo Padre pone la Cruz sobre el altar para que, incluso si no se puede celebrar vuelto al Oriente, la Cruz sea el punto de orientación; para que los fieles no miren al sacerdote, sino a Cristo, a la Cruz. Eso es muy importante como modo de continuar la reforma litúrgica, que no se acaba, que continúa siempre, en cada generación. Por tanto, esto de la orientación hacia el Señor, también física, psicológicamente, ayuda a los fieles a entender que la liturgia está orientada al Señor.

- ¿Se puede decir entonces que la Misa Gregoriana se celebra “de espaldas al pueblo”?

Es una frase artificiosa, porque no es verdad. La Misa hacia el pueblo se ha creado en el siglo XX, por un movimiento de opinión que pensaba darle la vuelta a las cosas. Por desgracia, lo han logrado. La Misa no es “de espaldas al pueblo”. Basta asistir a las liturgias orientales, que se celebran todas vueltas hacia el santuario. Hay una parte que sí está vuelta a la asamblea, la liturgia de la palabra, pero la de la anáfora, de la eucaristía, es hacia el Señor. En la liturgia de la palabra, Dios nos habla. En la Eucaristía, nosotros oramos al Señor, le respondemos. Esto es un punto muy importante, desde el punto de vista teológico, psicológico y misionero.

- Frente a los que acusan a la Misa Gregoriana de ‘estecista’, ¿qué cabría responderles?

Yo conozco muchos partidarios de la Misa nueva que tienen un gusto “esteticista”. Es la tentación de todos, la tentación de la forma. No es una condena, porque el hombre tiene ojos y necesita de la forma. No me puede llegar ningún contenido sin ella. Si veo un dulce, una tarta, que estuviese deformada, no me la como. Si en vez de eso, es bonita, está confeccionada, etc., me atrae.

La liturgia es una forma (en griego ‘éstesi’ y ‘forma’ son lo mismo), que debe atraer. No es errado que haya estética. Hasta la teología, dice Hans Urs von Balthasar, es una estética, es una belleza que atrae, pero debe atraer al contenido. Por tanto, la estética no es algo exclusivo de los partidarios de la Misa Gregoriana. Está también en los de la liturgia nueva. La estética es la forma a través de la cual llegamos al contenido principal de la liturgia que es “aquél que es la belleza”, por definición “el más bello de los hijos de los hombres”. Somos atraídos por Él.

Quería concluir invitando a sacerdotes, obispos, y también al Arzobispo de Madrid, a quien he tenido el honor de conocer en el Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía, que sé que es una persona con gran clarividencia, comprensiva, que profundiza en las cosas, a promover esta realidad. Realidad de muchos jóvenes, que -se puede ver en Internet- quieren la celebración de la liturgia tradicional. Así que invito a los obispos a no cerrar los ojos ante esa realidad. La realidad viene antes que nuestras ideas y, como padres, han de ejercer la paternidad; alentando, sosteniendo, corrigiendo, ayudando. Porque así nosotros ayudaremos a este trabajo del Santo Padre de traer a Dios al mundo y de ayudar a los hombres a encontrar a Dios.

viernes, 10 de enero de 2014

La Eucaristía



Homilía de S.S. Francisco, Corpus Christi 2013

En el Evangelio que hemos escuchado hay una expresión de Jesús que me sorprende siempre: “Denles ustedes de comer” (Lc 9,13). Partiendo de esta frase, me dejo guiar por tres palabras: seguimiento, comunión, compartir. 

1.- Ante todo: ¿quiénes son aquellos a los que dar de comer? La respuesta la encontramos al inicio del pasaje evangélico: es la muchedumbre, la multitud. Jesús está en medio a la gente, la recibe, le habla, la sana, le muestra la misericordia de Dios; en medio a ella elige a los Doce Apóstoles para permanecer con Él y sumergirse como Él en las situaciones concretas del mundo. Y la gente lo sigue, lo escucha, porque Jesús habla y actúa de una manera nueva, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien dona la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor. Y la gente, con gozo, bendice al Señor. Esta tarde nosotros somos la multitud del Evangelio, también nosotros intentamos seguir a Jesús para escucharlo, para entrar en comunión con Él en la Eucaristía, para acompañarlo y para que nos acompañe. Preguntémonos: ¿cómo sigo a Jesús? Jesús habla en silencio en el Misterio de la Eucaristía y cada vez nos recuerda que seguirlo quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don a Él y a los demás.

 2.- Demos un paso adelante: ¿de dónde nace la invitación que Jesús hace a los discípulos de saciar ellos mismos el hambre de la multitud? Nace de dos elementos: sobre todo de la multitud que, siguiendo a Jesús, se encuentra en un lugar solitario, lejos de los lugares habitados, mientras cae la tarde, y luego por la preocupación de los discípulos que piden a Jesús despedir a la gente para que vaya a los pueblos y caseríos a buscar alojamiento y comida (cfr. Lc 9, 12). Frente a la necesidad de la multitud, ésta es la solución de los apóstoles: que cada uno piense en sí mismo: ¡despedir a la gente! ¡Cuántas veces nosotros cristianos tenemos esta tentación! No nos hacemos cargo de la necesidad de los otros, despidiéndolos con un piadoso: “¡Que Dios te ayude!”. Pero la solución de Jesús va hacia otra dirección, una dirección que sorprende a los discípulos: “denles ustedes de comer”. Pero ¿cómo es posible que seamos nosotros los que demos de comer a una multitud? “No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros mismos a comprar víveres para toda esta gente”. Pero Jesús no se desanima: pide a los discípulos hacer sentar a la gente en comunidades de cincuenta personas, eleva su mirada hacia el cielo, pronuncia la bendición parte los panes y los da a los discípulos para que los distribuyan. Es un momento de profunda comunión: la multitud alimentada con la palabra del Señor, es ahora nutrida con su pan de vida. Y todos se saciaron, escribe el Evangelista. Esta tarde también nosotros estamos en torno a la mesa del Señor, a la mesa del Sacrificio eucarístico, en el que Él nos dona su cuerpo una vez más, hace presente el único sacrificio de la Cruz. Es en la escucha de su Palabra, en el nutrirse de su Cuerpo y de su Sangre, que Él nos hace pasar del ser multitud a ser comunidad, del anonimato a la comunión. La Eucaristía es el Sacramento de la comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento, la fe en Él. Entonces tendremos todos que preguntarnos ante el Señor: ¿cómo vivo la Eucaristía? ¿La vivo en forma anónima o como momento de verdadera comunión con el Señor, pero también con tantos hermanos y hermanas que comparten esta misma mesa? ¿Cómo son nuestras celebraciones eucarísticas? 

3.- Un último elemento: ¿de dónde nace la multiplicación de los panes? La respuesta se encuentra en la invitación de Jesús a los discípulos “Denles ustedes”, “dar”, compartir. ¿Qué cosa comparten los discípulos? Lo poco que tienen: cinco panes y dos peces. Pero son justamente esos panes y esos peces que en las manos del Señor sacian el hambre de toda la gente. Y son justamente los discípulos desorientados ante la incapacidad de sus posibilidades, ante la pobreza de lo que pueden ofrecer, los que hacen sentar a la muchedumbre y distribuyen - confiándose en la palabra de Jesús - los panes y los peces que sacian el hambre de la multitud. Y esto nos indica que en la Iglesia pero también en la sociedad existe una palabra clave a la que no tenemos que tener miedo: “solidaridad”, o sea saber `poner a disposición de Dios aquello que tenemos, nuestras humildes capacidades, porque solo en el compartir, en el donarse, nuestra vida será fecunda, dará frutos. Solidaridad: ¡una palabra mal vista por el espíritu mundano! Esta tarde, una vez más, el Señor distribuye para nosotros el pan que es su cuerpo, se hace don. Y también nosotros experimentamos la “solidaridad de Dios” con el hombre, una solidaridad que no se acaba jamás, una solidaridad que nunca termina de sorprendernos: Dios se hace cercano a nosotros, en el sacrificio de la Cruz se abaja entrando en la oscuridad de la muerte para darnos su vida, que vence el mal, el egoísmo, la muerte. También esta tarde Jesús se dona a nosotros en la Eucaristía, comparte nuestro mismo camino, es más se hace alimento, el verdadero alimento que sostiene nuestra vida en los momentos en los que el camino se hace duro, los obstáculos frenan nuestros pasos. Y en la Eucaristía el Señor nos hace recorrer su camino, aquel del servicio, del compartir, del donarse, y lo poco que tenemos, lo poco que somos, si es compartido, se convierte en riqueza, porque es la potencia de Dios, que es la potencia del amor que desciende sobre nuestra pobreza para transformarla. Esta tarde entonces preguntémonos, adorando a Cristo presente realmente en la Eucaristía: ¿me dejo transformar por Él? ¿Dejo que el Señor que se dona a mí, me guíe para salir cada vez más de mi pequeño espacio y no tener miedo de donar, de compartir, de amarlo a Él y a los demás? Seguimiento, comunión, compartir. 

Oremos para que la participación a la Eucaristía nos provoque siempre: a seguir al Señor cada día, a ser instrumentos de comunión, a compartir con Él y con nuestro prójimo aquello que somos. Entonces nuestra existencia será verdaderamente fecunda. Amen.

domingo, 5 de enero de 2014

¿ Por qué en latín ?




¿Por qué se reza en latín la Misa tridentina?

En todas las religiones, incluyendo el judaísmo, se utiliza alguna lengua sagrada, es decir separada del uso común y corriente, para los servicios de culto a Dios. De esta manera se requiere expresar el respeto debido a la Majestad de Dios. En el tiempo de Jesús, la lengua sagrada del culto del templo era el hebrero, pero, la lengua común era el arameo y seguramente, fue en arameo que Jesús dijo las palabras de la consagración del pan y vino. Sin embargo, los Apóstoles y la Iglesia primitiva, adoptaron rapidamente el griego para la Liturgia y testimonio de ello son la liturgias de los Cristianos Ortodoxos, el Kyrie Eleison, Hagios o Theos del Viernes Santo en nuestra Liturgia.


Pero, cuando el latín sustituyo el griego en el imperio romano, la Iglesia Católica lo adoptó para la liturgia. Ya en el Concilio de Trento se veía la conveniencia de cambiar esta práctica para facilitar la comprensión de la Misa a los fieles, pero, se decidió que mejor se conserara esta práctica pues favorece la preservación de la expresión correcta de las verdades de la fe, da unidad a todo el rito en sus partes y se convierte en signo de unidad entre todos los cristianos de la Iglesia Católica, pues si todos aprenden a responder la Misa en latín en todo el mundo, un extranjero que no conozca nuestra lengua propia, en la Misa responderíamos con las mismas palabras, creando así sentido de hermandad en la fe. Y si participamos en la Misa en otro país, responderíamos con las mismas palabras siempre y en todos los lugares. La cuestión de la lengua propia, queda solucionada con el misal de los fieles traducido en la lengua propia y así uno puede comprender las oraciones que está respondiendo en latín.

sábado, 4 de enero de 2014

Mons. Miserachs: «Debería existir un organismo pontificio con autoridad sobre la música litúrgica»




El maestro de capilla de la basílica de Santa María la Mayor en Roma, monseñor Valentí Miserachs, manifestó en entrevista a Zenit con ocasión de la concesión del Premio Bravo de la CEE que la música litúrgica debe tener tres características: la santidad, la bondad de formas y la universalidad. «El problema de base es que no se considera la música litúrgica como algo verdaderamente serio e importante», denunció.


Lo afirmó en la entrevista concedida a ZENIT:

–¿Por qué el coro de Santa María la Mayor se llama Capilla Musical Liberiana?

Mons. Miserachs: Porque fundada por el papa Liberio en el siglo cuarto. De hecho de esta basílica primitiva no queda nada, pues la actual es del siglo quinto, realizada para festejar la maternidad de la Virgen. Tomó el nombre del papa Liberio que, tras el milagro de la nieve en agosto, construyó la basílica a la Virgen que tomó su nombre, y de allí el título del coro, capilla liberiana, por la basílica.


–¿Hace cuánto que está en Roma y por qué motivo vino?

Mons. Miserachs: Estoy aquí desde hace 50 años, primero como estudiante, y ya en 1973como auxiliar del maestro Bartolucci, si bien, ocupándose de la Capilla Sixtina, ya en el 1977 me dejó como responsable único de la capilla Liberiana.
Llegué a estudiar teología. Después de cuatro años mi obispo me dijo que me daba otros cuatro para el Instituto de Música Sacra. Pasados estos, cuando fui a despedirme de mi maestro, director de la capilla Julia en San Pedro, Armando Renzi, me dijo: ¿No ha comprendido que tiene que quedarse aquíen Roma? Me indicó que iba a ser el segundo organista de la basílica de San Pedro. Y mi obispo dijo: “Si lo piden en Roma no me voy a oponer al Espíritu Santo”, y así me he quedado.


–¿Dos españoles que se ganan el premio ¡Bravo!, y la motivación?

Mons. Miserachs: Lo de dos españoles es pura casualidad. Y la motivación, quizás sea porque cuando aquí en Roma tuvo lugar la proclamación de san Juan de Ávila como doctor de la Iglesia, la Conferencia Episcopal Española, además de la misa en San Pedro en la que monseñor Colino escribió un himno en honor de san Juan de Ávila, a mi me encargaron aquí en Santa María la Mayor unas vísperas solemnes, y las compuse por entero, incluido el himno de las vísperas.
Además tocó el sexteto de instrumentos de viento, el órgano, todo muy solemne, y creo que eso fue el detonador del premio.


–¿Le conocían por la Capilla Liberiana?

Mons. Miserachs: En realidad más que por maestro de la Liberiana me conocen por haber sido hasta hace un mes atrás el director del Pontificio Instituto de Música Sacra, con sede oficial en Piazza Sant’Agostino, con su gran órgano, restaurado gracias también a los fondos de Cataluña.  Aunque la sede didáctica está en via di Torre Rosa, enfrente del Colegio Español.


–El coro de la Liberiana ¿cómo nace?

Mons. Miserachs: En el siglo sexto, con San Gregorio Magno, la Schola Cantorum Romana cantaba en todas las basílicas. En cambio las Capillas, como las conocemos ahora, la Julia de San Pedro, la Pía de San Juan de Letrán, la Liberiana de aquí y la Sixtina que sigue las ceremonias del papa, son polifónicas y nacen en el Renacimiento, cuando regresaron los papas de Aviñón. Desde aquella ciudad en donde la polifonía estaba muy desarrollada vinieron también los cantores flamencos [de Flandes].


–O sea que existe desde el Renacimiento

Mons. Miserachs:  Ininterrumpidamente la capilla ha funcionado, excepto tres o cuatro años durante la  ocupación francesa. Soy el maestro número 33 y actualmente tenemos unos treinta cantores. Cantamos todos los domingos y fiestas a las 10 horas en la misa solemne, además en las vísperas, realizando unos cien servicios al año. Un grupo canta las vísperas de cada domingo y anima la misa de las seis de la tarde y del mediodía.



–¿Qué distingue la música sacra de la no sacra?

Mons. Miserachs: Primeramente el texto; el mismo Bach adaptaba textos sacros a músicas profanas sin mucha dificultad, más difícil hubiera sido con las suites de danzas. Hay que distinguir la música sacra de la música litúrgica, en la primera están los oratorios y las cantatas, como por ejemplo “El Mesías” de Haendel.
La música litúrgica es la que está destinada a la liturgia.



–¿Cuál es la función de la música sacra en la liturgia?

Mons. Miserachs: No es un añadido de la liturgia, es parte integrante de la misma, tiene que cantarla el sacerdote, el obispo; y aunque no supiera cantar tenía que cantar. Recuerdo que el papa Pablo VI era desafinado, pero cantaba.


–¿Qué características le son propias?

Mons. Miserachs: La música litúrgica tiene que tener tres características: primero la santidad y hasta la gente más sencilla se da cuenta. Y por esto muchas iglesias están vacías, no quieren escuchar, piensan que tocando guitarra van a atraer a la juventud. Después la bondad de formas, que sea arte de verdad, aunque sencilla, pero tiene que ser arte. Y la tercera la universalidad, que sea apta para todos. Y no misa para niños, abuelos, esto o aquello.



–¿Y el canto gregoriano?


Mons. Miserachs: Por ejemplo, un concierto de canto gregoriano está bien pero su contexto es la liturgia. Del canto gregoriano nació la polifonía, si bien antes era más bien una exhibición de virtuosismo como hacían los flamencos, mezclando los textos sin preocuparse mucho del culto del Señor. A tal punto que se decía que el Concilio de Trento lo iba a suprimir. En cambio en Trento dijeron sí a la polifonía pero purificada.



–O sea que se llega a lo polifónico


Mons. Miserachs: Sí, y después al barroco que volvió a la exaltación del hombre, y después la ópera llegó a ser también la música de iglesia. Fue entonces cuando intervino el papa san Pio X en 1903. Y en ese contexto, en 1911 fundó el Instituto de Música Sacra.



–¿Y las cantatas?


Mons. Miserachs: En los países anglosajones aún hoy se canta bajo la influencia de lo que hizo Lutero, porque además de traducir la Biblia en alemán y a los idiomas vernáculos nacieron los repertorios de música sacra que llaman corales y los mantienen.



–¿Y en los países latinos?


Mons. Miserachs: En cambio nosotros en los países latinos no habíamos hecho nada y empezó así a salir gente improvisada que confundió la música sacra con la ligera. Si bien la ópera era música de teatro sin ningún sabor religioso, al fin y al cabo era música bien hecha. Ahora lo que se canta a veces no es ni siquiera música.

Si está mal hecha no es música y para que pueda ser música litúrgica primero tiene que ser música.



–El Vaticano II fue claro, ¿verdad?

Mons. Miserachs: El concilio, en su doctrina no hace más que reforzar lo que dijo san Pío X. Ha sido no una mala interpretación, sino una no aplicación de lo que dijo. Si usted agarra el capítulo sexto en la constitución de liturgia dice lo contrario de mucho de lo que está haciendo la gente hoy.



–Después de 50 años de experiencia ¿qué le gustaría ver?

Mons. Miserachs: Mi experiencia constata que hay una anarquía total en este campo. Creo debería existir un organismo pontificio con autoridad sobre la música litúrgica, que indicara el buen proceder a cada diócesis, a cada conferencia episcopal y a quienes tienen su sección de música. Y con autoridad para decir eso sí y esto no es posible. Contrariamente cada uno hace lo que quiere y cada párroco se cree un papa.


–¿Y sobre la música en los seminarios?

Mons. Miserachs: Sobre la música en los seminarios, hay que lamentar una casi total ausencia de estudio no solo de la música sacra, sino de la música tout court. Ya quedan pocos seminarios, con pocos seminaristas (por lo menos en Europa), y su estructura ya no es la de riguroso internado, como en nuestros tiempos, cosas todas que facilitaban el estudio y práctica de la música. El problema de base es que no se considera la música litúrgica como algo verdaderamente serio e importante, bastan unos rasgueos de guitarra. Sería necesario un cambio de mentalidad, una “conversión” al verdadero espíritu de la Iglesia.



Fuente: InfoCatólica


viernes, 3 de enero de 2014

La fuerza de la Iglesia no reside en ella misma, sino que se esconde en las aguas profundas de Dios



Fuente: News.va


No tener otro nombre en la vida, y no cumplir ninguna otra acción, que no esté estrechamente vinculada a Cristo. Es con esta esperanza que el Papa Francisco concluyó esta mañana la homilía de la misa que presidió en la Iglesia del Gesú de Roma, en la fiesta litúrgica del Santo Nombre de Jesús, “título” de la Orden fundada por San Ignacio de Loyola.

El Papa habló ampliamente de la figura de Pedro Fabro, modelo de santidad sacerdotal de la Compañía, canonizado hace a penas dos semanas, el pasado 17 de diciembre. Francisco reflexionando sobre el carisma de su Orden se centró precisamente en Pedro Fabro, hermano antiguo y al mismo tiempo muy moderno, que fue compendio viviente del carácter espiritual y apostólico de los jesuitas, empezando por su corazón, vacío, porque lleno de Dios, inquieto, porque incansable en la búsqueda de Dios:

“Estamos llamados a este abajamiento: ser 'vaciados'. Ser hombres que no tienen que vivir centrados en sí mismo, porque el centro de la Compañía es Cristo y su Iglesia. Y Dios es el Deus semper maior, el Dios que siempre nos sorprende. Y si el Dios de las sorpresas, no está en el centro, la Compañía se desorienta. Por eso, ser jesuita es ser una persona del pensamiento incompleto, del pensamiento abierto: porque siempre piensa mirando el horizonte, que es la gloria de Dios, siempre más grande, que nos sorprende sin cesar. Y esta es la inquietud de nuestro abismo. Aquella santa i hermosa inquietud".

¿Inquietos hasta qué punto? Francisco dice que un jesuita puede saber si "ha mantenido su inquietud o si ésta se ha atrofiado."De hecho, para los que militan en la Compañía de Jesús -afirma- no hay otra alternativa: "Debemos buscar a Dios para encontrarlo, y encontrarlo para buscarlo más y más":

"Sólo esta ansiedad da paz al corazón de un jesuita, una inquietud también apostólica, no debemos cansarnos de proclamar el kerigma, de evangelizar con valentía. Es la inquietud que nos prepara para recibir el don de la fecundidad apostólica. Sin esta ansiedad somos estériles".

“Pedro Fabro fue todo eso” dijo el Papa: "un hombre de grandes deseos", "de espíritu inquieto, indeciso, nunca satisfecho”, inspirado por el “verdadero espíritu que mueve a la acción":

"¿Tenemos también nosotros grandes visiones e impulso? ¿Somos audaces como él? ¿Nuestro sueño es volar alto? ¿El celo nos devora? ¿O somos mediocres y nos contentamos con nuestras programaciones apostólicas de laboratorio? Recordémoslo siempre: la fuerza de la Iglesia no reside en ella misma y en su capacidad organizativa, sino que se esconde en las aguas profundas de Dios".

Pedro Fabro, recordó el Papa Bergoglio, pasó toda su vida buscando la "familiaridad con Dios", para tener un corazón trasplantado en el de Jesús. Y con estos sentimientos fue un defensor del diálogo en la Europa dividida por la Reforma de Lutero, con el "arma de la mansedumbre cristiana”:

"Se me ocurre pensar en la tentación, de que tal vez podamos tener, y que tantos tienen, de unir el anuncio del Evangelio con bastonazos inquisitoriales, de condena. No, el evangelio se anuncia con dulzura, con fraternidad, con amor".

Francisco, el primer Papa jesuita de la historia, en nombre de toda la Compañía, propuso a sus hermanos, al final de su homilía, tomar como modelo el ejemplo del primer sacerdote jesuita de la historia, el hermano Pedro, que bajo la influencia de la "fascinación" de Cristo realizó, dijo, verdaderas "locuras apostólicas":

“Nosotros somos pequeños, somos pecadores, pero queremos servir bajo el estandarte de la Cruz de la Compañía que recibió el nombre de Jesús. Nosotros que somos egoístas, queremos vivir, sin embargo, una vida agitada por grandes deseos. Renovemos, pues, nuestra oblación al Eterno Señor del universo para que con la ayuda de su gloriosa Madre, podamos querer, desear y vivir los sentimientos de Cristo, que se despojó a sí mismo".

viernes, 15 de febrero de 2013

El Concilio Vaticano II, ¿Rompe o no rompe con la Tradición?

Un debate impetuoso discurre estos días en la red, esta vez entre la denominada “sensibilidad tradicional” y el sector oficialista; surgió cuando aquellos se vieron atacados por un prestigioso sacerdote al frente de una exitosa fundación que opera dentro del rubro de los medios de comunicación católicos en internet, y éstos reaccionaron.

Habiendo seguido la acalorada discusión con detalle, he preferido la reflexión al golpe corto moderado, en ocasiones censurado, surgido al hilo de las emociones del contrincante. He optado, por lo tanto, por la lectura de Santo Tomás, Marín Solá, Mons. Llopis Ivorra, los cardenales Ottaviani, Siris y Rufini, Romano Amerio, San Vicente de Lerins y con su entendimiento, especialmente con el de los dos primeros, he querido hacer una síntesis que respondiera al fondo de este virulento enfrentamiento y que no es otro más, que el que se puede plantear con las siguiente preguntas: ¿Hay una evolución doctrinal homogénea en el Vaticano II? A la que he querido responder con Marín Solá ¿Qué tipo de magisterio es el del Concilio Vaticano II? Cuya respuesta la obtenemos usando la lógica del Aquinate y de nuevo con la del insigne M. Sola ¿Le cabe la nota de infalibilidad a Concilio Vaticano y en su caso, qué carácter tiene?

La cuestión se resuelve con la enseñanza de todos estos autores juntos. Además, he querido ofrecer diez conclusiones a los principios expuestos y la aplicación de los mismos, como ejemplo, a la Dignitatis Humanae, con un texto alternativo sobre la libertad religiosa de Mons. Llopis Ivorra, en consonancia con el pensamiento de varios cardenales de ayer y hoy.

Pues bien, para responder a las preguntas anteriormente planteadas, es necesario, como en toda obra, comenzar por los cimientos, respondiendo a si es posible una evolución doctrinal y, en su caso, en qué se diferencia una evolución verdadera y homogénea, de una falsa.

Los grados de Doctrina y la evolución dogmática
Toda la doctrina católica puede distribuirse en cuatro grados:
A).- Dato revelado.
B).- Dogmas.
C).- Verdades infalibles.
D).- Conclusiones teológicas.

El primer grado abarca todas y solas las verdades y proposiciones expresamente reveladas e inspiradas por Dios a los apóstoles, y por los apóstoles entregadas a la Iglesia, pero tal como salieron de la pluma de los apóstoles o escritores sagrados y antes de que la Iglesia o la razón humana hicieran sobre ella especulación alguna. Abarca, por lo tanto, dos géneros de proposiciones:

Primera. Todas las proposiciones de la Sagrada Escritura tal como salieron de la pluma de los autores inspirados.

Segunda. Todas las proposiciones de la Tradición divina, tal como estas salieron de los labios de los apóstoles. Este primer grado suele llamarse dato revelado o dato explícito y es el punto de partida de los otros tres grados. El segundo grado, llamado dogmas de fe, comprende todas las proposiciones definidas por la Iglesia como reveladas o como de fe divina, o cuyas contradictorias hayan sido condenadas con la nota de heréticas. El tercer grado incluye todas las proposiciones definidas por la Iglesia de una manera infalible, pero sin ser expresamente definidas como reveladas, y también todas aquellas cuyas contradictorias hayan sido condenadas por la Iglesia con nota inferior a la herejía. Al cuarto grado, en fin, pertenecen todas aquellas proposiciones que están necesariamente conexas con cualquiera de los tres grados anteriores, que es lo que comúnmente se entiende bajo el nombre de conclusiones teológicas y a las cuales se reducen los hechos dogmáticos (catecismos, concilios, canonizaciones, predicación, etc.). Más abajo veremos estos hechos dogmáticos, al ser de mucho interés su estudio para la cuestión debatida.
Hay que tener en cuenta que las verdades de este cuarto grado pueden pasar al tercero, pues no hay conclusión alguna verdaderamente teológica que no pueda ser definida infaliblemente por la Iglesia. Pero frente a Suárez y Molina seguimos a Santo Tomás, para quien las conclusiones teológicas sólo pueden ser de fe divina una vez definidas por la Iglesia y nunca antes.

En cuanto a la evolución del dogma podemos distinguir dos maneras, a saber:

1ª .- Consiste en el crecimiento de fórmulas, pero permaneciendo el mismo sentido, y a la que se puede denominar evolución homogénea, y por ende, lícita.

2ª.- Consiste en explicaciones nuevas con uso de novedosas fórmulas o sin cambiar éstas, en la cuales no permanece el mismo sentido anterior, y que podemos llamar evolución transformista, y por lo tanto, ilícita. Pues bien, el dogma sólo puede evolucionar de forma homogénea, como bien señaló en una fórmula el Primer Concilio Vaticano: “Crescat igitur...sed in eodem sensu”, es decir, desarrollo sí, pero en el mismo sentido. Pero ante todo esto podemos interrogarnos ¿Cuándo permanece el mismo sentido?

Santo Tomás, Doctor de la Iglesia y con él San Buenaventura, diferencian tres clases de sentidos:

Primero. El sentido explicativo. Ejemplo de sentido explicativo, llamado consunum (conformes), lo tenemos en los conceptos de inmutabilidad absoluta e inmortalidad, pues con sólo penetrar el concepto de aquél, surgirá el de éste.

Segundo. El sentido diverso. Un ejemplo de sentidos diversos lo tenemos en los conceptos de cualidad y cantidad.

Tercero. El sentido contrario. Ejemplo de sentidos contrarios lo tenemos en los conceptos de espiritual y material.

Por lo tanto, podemos decir con todos los doctores de la Iglesia y con ésta misma, que siempre que los conceptos de las fórmulas sucesivas no sean de sentido contrario o diverso, sino mutuamente implícitos (consona=conforme) la evolución es en un mismo sentido, explicativa y verdadera.

Cuando la evolución del concepto es diversa o más grave aún, contraria, la evolución es errónea y la Iglesia nunca se ha arrogado esa atribución evolutiva. La Iglesia tiene la misión de conservar el depósito de la fe y de explicar dicho depósito. Como la Iglesia no admite el aumento del objeto revelado después de la muerte de los apóstoles, el desarrollo sólo puede venir del aumento de la explicación, conservando siempre, tanto el objeto revelado como su sentido.

Ahora bien, la Iglesia no podría guardar el depósito de la fe sino gozara de la infalibilidad. Pues bien, son muchos los que se hacen la siguientes preguntas: ¿Es el Concilio Vaticano II infalible? ¿Hay algunas cuestiones del Concilio Vaticano II que supongan una evolución diversa o contraria al depósito de la fe, según hemos distinguido más arriba? Aunque en realidad y vulgarmente la cuestión se plantea en los foros con sólo plantear la primera pregunta, se deben distinguir ambos aspectos para poder penetrar mejor la cuestión. Para ayudarnos a la reflexión, deberemos definir antes lo que es un Hecho Dogmático.

Los Hechos Dogmáticos

Visto lo anterior podemos preguntarnos ¿entonces a qué grado de doctrina pertenece, en general, un Concilio Ecuménico, y en particular el Concilio Vaticano II ?

Sabemos, en efecto, que la Iglesia no admite el aumento del objeto revelado después de la muerte de los apóstoles, y que el desarrollo sólo puede venir del aumento de la explicación con el mismo sentido, nunca contrario, porque en Dios no puede haber contradicción , ni tampoco diverso, porque se requeriría para ello nuevas revelaciones, que ya quedaron cerradas a la muerte del último apóstol.

Pero hay ciertos hechos que no están revelados, porque a la muerte de los apóstoles no podían pertenecer al depósito que más tarde se explicaría, por ejemplo, la futura celebración de un Concilio, como Efeso, Trento o los dos Concilios Vaticanos, etc. A estos hechos la teología los ha llamado siempre Hechos Dogmáticos.

Podemos distinguir tres clases de hechos, a saber:

1.-Hechos expresamente revelados. Verbigracia: Jesús nació en Belén; María permaneció siempre Virgen, etc. Son de fe divina cuando la Iglesia los define.

2º.- Hechos meramente particulares. No están en el depósito expresamente ni implícitamente, ni tienen relación con él. Verbigracia : si determinado matrimonio fue válido o nulo. No son de fe divina, ni comprometen la infalibilidad de la Iglesia.

3º:- Hechos dogmáticos. Este es el caso que nos interesa ahora. No constan en el depósito revelado, pero tienen una necesaria relación con la conservación y la explicación de la fe. Son hechos que pueden ser infaliblemente definidos y cuando lo son, conviene un asentimiento de fe absoluta, cierta e incondicional, para el católico. La coincidencia en esta forma de asentimiento ante los Hechos Dogmáticos una vez definidos, ha sido común en la inmensa mayoría de los teólogos, aunque se ha discutido si esa fe absoluta era divina, como la debida a un dogma, o eclesiástica (criterio confuso que por ejemplo Marín Solá no acepta, inclinándose por definirla como divina).

Siendo, en efecto, el Concilio Vaticano II un hecho dogmático, apliquemos la lógica del Aquinate:

Mayor: Está revelado que todo concilio es infalible, si es ecuménico.
Menor: El Concilio Vaticano II es ecuménico.
Conclusión: Luego el Concilio Vaticano II es infalible.

En efecto, la Iglesia no puede darnos dogmas nuevos, en el sentido que sean nuevos simpliciter, pero puede darnos dogmas nuevos, en el sentido de que sean nuevos secumdum quid ( id, est secumdum aliquid ), es decir, nuevos en cuanto a la explicación, siempre que no se haga por nuevas revelaciones , sino por mera infalibilidad o asistencia del Espíritu Santo.

Todo esto nos parecería un círculo vicioso, si no advirtiéramos que este Hecho Dogmático, siendo infalible por ser un Concilio ecuménico, requiere que la conclusión sea infaliblemente definida para exigir un asentimiento de fe absoluta, porque una cosa es la potencia y otra el acto. Ocurre que ningún Papa, en su momento – Juan XXIII, Pablo VI- definieron al Concilio Vaticano II como dogmático, ni ninguna de sus partes; ni los papas posteriores hasta hoy – Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI- han querido definir infaliblemente algún contenido de este Concilio; antes al contrario, el Concilio fue definido como pastoral; es decir, en este Hecho Dogmático, la Iglesia no ha querido ejercer su autoridad infalible. Porque lo importante es que manifieste la intención de actuar de modo infalible y de obligar a un asentimiento definitivo a los fieles.

No se debe confundir, cosa muy frecuente, el adjetivo “dogmática” añadido a algunas constituciones con su intención, porque dicha adjetivación sólo informa sobre el contenido de la materia tratada, no sobre el carácter e intención del Concilio de definir infaliblemente.

Luego, he aquí el nudo, afortunadamente no gordiano; nos preguntaremos cómo es posible que el Concilio pueda ser a la vez infalible en cuanto ecuménico y no infalible por la ausencia de la voluntad de definir. La solución a esta contradicción, sólo aparente, pero gravísima debido a las fuerzas liberales que pululan en la Iglesia a sus anchas, sólo se puede encontrar en la profundización del concepto de Magisterio Infalible.

El Magisterio Infalible

La Verdad es inmutable y no puede ser válida en un contexto y tiempo y mudable en otras circunstancias o momentos. Eso implicaría contradicción en Dios, cosa imposible. En efecto, esto jamás lo ha aceptado la Iglesia, ni nunca lo hará. Entonces, sólo se puede salvar esta aparente contradicción por la jerarquía o los grados del Magisterio. De lo contrario la Iglesia predicaría un relativismo, explicación que personalmente no acepto, ya que no puede errar, porque Cristo es siempre fiel. Dicho de otra forma: sí la infalibilidad de la Iglesia no se limita a lo revelado en sí, sino que se extiende a lo necesariamente conexo con el depósito revelado o a lo necesario para conservar dicho depósito ¿Cómo se podría conservar, v. g., la condenación del modernismo hecha por San Pío X, siendo su declaración de Magisterio Infalible, si hoy se explicara con un sentido, no sólo diverso, sino contrario? Sí esto no se resuelve, destruiríamos ante los demás el principio de la Infalibilidad de la Iglesia y no sólo respecto a los conceptos de libertad religiosa, colegialidad y ecumenismo hoy discutidos, sino que introduciríamos un virus, que mañana atacaría al mismo corazón de la Cristología, si es que, desgraciadamente, no lo ha hecho ya.

He aquí el gravísimo peligro al que nos enfrentamos. Tal ocurrió a los reformadores, al inocular dentro de sí el veneno de la “Sola Scriptura”.

Mas hay que saber que, en efecto, según la ordenación desde el punto de vista de la autoridad hay dos clases de Magisterio:

I.-El Magisterio Infalible. Magisterio infalible lo es en todos y cada uno de sus actos, cada vez que el Papa o un Concilio proponen una doctrina con intención de definir como de fe (o moral y costumbres), comprometiendo así su autoridad magisterial en grado sumo. Respecto al Papa se dice entonces que habla “ex cathedra”.Si el Papa o un Concilio tienen o no esa intención se deduce claramente de sus mismas palabras.

II.- El Magisterio Auténtico. El Magisterio denominado Auténtico es infalible también, pero en su conjunto; es el Magisterio Ordinario del Papa y de los Obispos, y el extraordinario o solemne de documentos conciliares sin intención de definir (caso del Concilio Vaticano II). Humani Generis decía : «No se ha de pensar que no exigen de suyo asentimiento las enseñanzas que en las Letras Encíclicas se proponen, dado que en ellas los Pontífices no usen la suprema potestad de su Magisterio. Tales enseñanzas proceden del Magisterio ordinario, del que también vale el dicho: El que a vosotros oye, a mí me oye (Le 10,16)» (Denz. 2313).

En efecto, respecto al Concilio Vaticano II, aunque siempre sea Magisterio Solemne, nunca ha tenido la intención de definir, por lo que goza de la infalibilidad en su conjunto, no en aquello que va en contra de lo que ya haya sido definido con anterioridad y de forma explícita como infalible. Es decir, dada su infalibilidad de conjunto, es infalible en todo aquello que explica el depósito revelado en el mismo sentido y en aquellas conclusiones teológicas virtualmente implícitas, que es su mayor parte; sin embargo, carece de infalibilidad en todo aquello contrario o diverso a lo ya definido infaliblemente o que constituye un dogma o es un dato revelado, y que afecta a las tres o cuatro cuestiones discutidas: La parte porcentualmente menor, pero de una trascendencia muy grave, observados los frutos.

Ante el Magisterio meramente Auténtico del sucesor de Pedro, del Pastor Supremo de la Iglesia, el fiel cristiano debe sentirse obligado «de un modo singular» a aceptar y adherirse a sus enseñanzas con un profundo obsequio religioso de su alma. Pero el hecho de su universalidad magisterial y su notoriedad como maestro de todos los fieles, también obligan al maestro a una mayor vigilancia, circunspección y diligencia en el ejercicio de su potestad, porque reclaman una protección y asistencia providenciales del Divino Espíritu.

Ahora bien, este asentimiento hay que ponerlo teniendo en cuenta «la mente y la voluntad manifiesta del Romano Pontífice» (Lumen gentium, 25). Pero, ¿cómo conocer este pensamiento y esta voluntad del Papa en una época de híperinflación de palabras e imágenes y abstinente de sobriedad, pues nunca tantos medios han explicado de forma tan profusa los quehaceres del Papa? El mismo Concilio Vaticano II señala tres criterios: «la índole de los documentos, la repetición frecuente de la doctrina y el modo de expresarse» (ib., 25).

Es sabido que el Magisterio Pontificio usa diversas clases de documentos en sus enseñanzas a la Iglesia universal (Carta Encíclica, Epístola Encíclica, Constitución Apostólica, Exhortación Apostólica ,Carta Apostólica ,Bula, Motu Proprio); también es conocido que a veces el Papa se sirve de las Congregaciones Romanas para proponer una doctrina, y que sus documentos pueden ser de carácter doctrinal o disciplinar; todo ello exige que para conocer el pensamiento del Papa sea necesario analizar el documento usado, el estilo y el género literario del mismo.

En segundo lugar es necesario tener muy en cuenta la repetición de la doctrina; una recomendación hecha de paso con motivo de una alocución a un grupo de fieles o una piadosa exhortación en una homilía no tiene el mismo valor que una declaración repetida una y otra vez en distintos documentos, en los que el Papa se expresa de un modo firme y con intención de enseñar a toda la Iglesia.

Es conveniente hacer notar que solamente la enseñanza dirigida a toda la Iglesia Universal expresa el Magisterio Ordinario en su sentido pleno. Los discursos Ad limina, dados a los obispos de una región particular y los discursos pronunciados durante las visitas a los diferentes países, a los embajadores, etc., no pertenecen, en el mismo grado, al Magisterio Ordinario como aquellos discursos dirigidos a la Iglesia Universal.

El Papa con mucha frecuencia trata cuestiones sociales, económicas y políticas específicas, con el propósito de derramar sobre las mismas la luz del Evangelio. Aparte de enseñar ciertos principios morales, también usualmente recomienda formas de acción práctica (por ejemplo la necesidad de una autoridad mundial en Caritas in Veritate). Estas últimas proposiciones merecen respeto y consideración, pero no llaman al ejercicio del asentimiento religioso de la misma manera que lo exige la enseñanza en fe y moral. Los católicos son libres para presentar soluciones prácticas alternativas sociales, políticas y culturales, siempre y cuando acepten y estén basadas en los principios morales expuestos por el Papa.

Finalmente, conviene tener en cuenta la forma de expresarse del Romano Pontífice; hay veces que adopta una solemnidad excepcional que indica su voluntad expresa de imponer una doctrina, p. ej., las palabras usadas en el comienzo de la Encíclica Humanae vitae. Los cristianos han de tener en cuenta estos criterios para no caer en el defecto de los que exageran y exaltan las intervenciones magisteriales pontificias, frecuente caso de un sector eclesial oficialista que eleva cualquier comentario del papa al magisterio infalible, como si en todas ellas el Papa acentuara su voluntad de maestro auténtico, o de los que regatean su adhesión humilde y sincera a sus enseñanzas.

Además hay que tener en cuenta que los ensayos científicos, teológicos y palabras vertidas en entrevistas, etc., publicados por el Papa en calidad personal y no como supremo guía de la Iglesia, no tienen ningún valor magisterial, aunque merezcan una consideración respetuosa.
Con frecuencia el mismo Benedicto XVI advierte a los lectores de su literatura teológica, que sus investigaciones y aportes en este campo no constituyen magisterio, lo que no impide a los exaltados proponer los pensamientos no magisteriales, como si fueran auténticos dogmas de fe, sin arredrarse en calificar a los hermanos que los discuten, de cismáticos y desobedientes; los que ésto hacen provocan un gran daño a la Iglesia difundiendo el error y produciendo la confusión.

Conclusiones visto lo anterior

Primera. Lo correcto sería decir que El Magisterio del Concilio Vaticano II es Auténtico, infalible en su conjunto, pero no en cada una de sus expresiones, si alguna de ellas tuvieran un sentido diverso o contrario al depósito.

Segunda. El Magisterio del Concilio Vaticano II Auténtico e infalible en su conjunto, no puede interpretarse jamás, ni contra el dato divinamente revelado, ni contra los dogmas proclamados, ni contra la doctrina infalible así definida por la Iglesia, ora positivamente, ora negativamente mediante anatemas contra doctrinas, usando la fórmula clásica de anathema sit u otras con el mismo sentido, ni contra las conclusiones teológicas elevadas definitivamente a la infalibilidad; si se interpretase contra el depósito de la fe, dicha interpretación nueva no puede considerarse católica, sino herética.

Ejemplo de Magisterio Infalible sobre el canon de la Misa tridentina:
"Si quis dixerit Canonem Misae errores continere, ideoque abrogandum esse : anathema sit."

"Si alguien dijere que el Canon de la Misa contiene errores, y que por lo tanto debe ser abrogado, sea anatema"

Tercera. Aquellas palabras pastorales del Concilio llevadas de unapretensión de “falsa caridad” que solapan la verdad o una parte de la misma porque el mundo no la soporta, y que pudieran tener un sentido diverso o contrario a lo infaliblemente introducido con anterioridad y que ya forma parte del depósito de la fe definida por ser necesario para la conservación de lo revelado, no pueden ser entendidas más que a la luz y con el mismo sentido de lo ya definido en la Tradición; aunque se quieran usar otras fórmulas, creando otro problema grave del cual no vamos a tratar ahora, jamás pueden cambiar el sentido ni variar el objeto.

Cuarta. Ante cualquier apariencia de conflicto entre doctrinas que provoquen dudas, se debe inclinar el entendimiento siempre hacia lo ya definido como infalible con anterioridad, que forma parte del depósito de la fe y es la Verdad.

Quinta. Sólo puede existir una hermenéutica de la continuidad con la Tradición dos veces milenaria de la Iglesia, en aquellos conceptos del Concilio Vaticano II, que conservando el mismo depósito, lo explican en el mismo sentido. Cualquier concepto del Concilio Vaticano II contrario al depósito de la Tradición, si existiese, no es verdaderamente magisterio, sino transformismo y ruptura; mantener ese transformismo contrario al depósito es un acto de herejía. Cualquier concepto del Concilio Vaticano II diferente al contenido del depósito revelado, no es materia propia de la Iglesia, cuyo magisterio se ciñe a la conservación y explicación de lo revelado, y cuyo tesoro se cerró con la muerte del último apóstol, y por lo tanto, no exige ni le es lícito pedir asentimiento.

Sexta. No tiene la Iglesia ninguna autoridad de Cristo, ni jamás la tuvo y así lo declara ella misma, siendo esto verdad de fe divina, para explicar el dato revelado por Dios a los apóstoles, a cuya muerte se cierra la revelación, con un significado diferente al revelado; tampoco la tiene para explicar un dogma o una verdad definida de forma infalible con un sentido contrario o diferente. Sólo existe autoridad conferida por Cristo a Pedro y a sus sucesores para custodiar, explicar y sacar lo intrínsecamente revelado, que estuviese virtualmente implícito. Si la autoridad dada a Pedro por Cristo no tuviera este sentido de sólo conservar el depósito y explicarlo en el miso sentido, ni San Sofronio ni San Máximo hubieran podido levantarse contra la abominable herejía que afirmaba una única voluntad en Cristo, y que sostenían cuatro de los cinco Patriarcados que entonces había en Iglesia; Sí el sentido de la autoridad conferida incumbiese el enseñar falsas doctrinas, tampoco estos Santos hubieran podido desobedecer al Papa Honorio I, quien fue más tarde incluido entre los herejes, condenado y excomulgado por el cuarto Concilio Ecuménico de Constantinopla, mientras que Sofronio y Máximo, que estuvieron al frente de un pequeñísimo resto y sufrieron terribles condenaciones, excomuniones y violencia física por parte de los altos dignatarios eclesiásticos, fueron finalmente canonizados. Ni hubiera podido levantarse San Atanasio contra los herejes arrianos, quienes poseían la mayoría de las iglesias, mientras aquél sólo tenía la fe verdadera. Ni San Pablo hubiera podido corregir el actuar erróneo de San Pedro.

Séptima. Corresponde al Vicario de Cristo en la tierra la obligación de señalar esta continuidad, irrenunciable, con la Tradición, mediante su magisterio ordinario o extraordinario, tal como se ha hecho, v. gr., en la Dominus Iesus, ycon el Motu Propio Summorum Pontificum, al que tantos pastores ignoran o impiden activa o pasivamente su aplicación; y muy especialmente, cuando se han cometido errores pastorales muy graves surgidos de principios falsos o de interpretaciones equivocadas.

Octava. Urge la necesidad de un Magisterio del Papa, no sólo Auténtico, sino Infalible, usando de los documentos pontificios de más alta graduación magisterial y con intención de definir, para condenar las interpretaciones del Concilio Vaticano II contrarias o diferentes al depósito de la doctrina y explicar los contenidos discutidos del último Concilio en el mismo sentido que lo definido por la tradición infaliblemente. Esta es la grave responsabilidad de un Papa en el ejercicio de su oficio.

Novena.-Esta es la manera en que se salva, no podría ser de otra forma, la infalibilidad de la Iglesia y del Vicario de Cristo. Creo que quien eleva a cátedra cualquier dicho de Benedicto XVI, sin tener en cuenta el tipo y grado de magisterio y si lo hay o no, en cada una de sus declaraciones, hace un daño enorme a la Iglesia y al mismo Papa.

Décima.- Ser amante de la Santa Tradición es una obligación de todo católico, pues son la Tradición y la Sagrada Escritura junto con el Magisterio, las fuentes de la Revelación para el cristiano católico. Este fuerte trípode se enfrenta al protestante, consistente es la “Sola Scriptura”, “Sola Fe”, “Sola Gracia”, al cual nos quieren llevar no sólo los denominados progresistas, sino un gran sector oficialista con responsabilidades en los medios de comunicación católicos, afamados y leídos bloggeros, docentes, movimientos de distinto pelaje y hasta una parte del episcopado, pretendiendo convencernos de que los papas, los concilios, y la jerarquía de la Iglesia, tienen potestad para enseñar falsas doctrinas a clérigos y seglares; sin dudar ni un momento, si les fuera necesario para sus fines, en crear división calificando a los irreductibles de tradicionalistas, tridentinos, y hasta últimamente de filo-lefebvrianos.

Estas conclusiones de discernimiento, están mejor resumidas en las “Reglas para distinguir la verdad católica del error” en el Commonitorio de san Vicente de Lerins, de imprescindible lectura hoy para no perderse, y del que copio lo siguiente:
¿Cuál deberá ser la conducta de un cristiano católico, si alguna pequeña parte de la Iglesia se separa de la comunión en la fe universal?
-No cabe duda de que deberán anteponer la salud del cuerpo entero a un miembro podrido y contagioso. -
Pero, ¿y si se trata de una novedad herética que no está limitada a un pequeño grupo, sino que amenaza con contagiar a la Iglesia entera?
-En tal caso, el cristiano deberá hacer todo lo posible para adherirse a la antigüedad, la cual no puede evidentemente ser alterada por ninguna nueva mentira.
¿Y si en la antigüedad se descubre que un error ha sido compartido por muchas personas, o incluso por toda una ciudad, o por una región entera?
-En este caso pondrá el máximo cuidado en preferir los decretos -si los hay- de un antiguo Concilio Universal, a la temeridad y a la ignorancia de todos aquellos.
¿Y si surge una nueva opinión, acerca de la cual nada haya sido todavía definido?
-Entonces indagará y confrontará las opiniones de nuestros mayores, pero solamente de aquellos que, siempre permanecieron en la comunión y en la fe de la única Iglesia Católica y vinieron a ser maestros probados de la misma. Todo lo que halle que, no por uno o dos solamente, sino por todos juntos de pleno acuerdo, haya sido mantenido, escrito y enseñado abiertamente, frecuente y constantemente, sepa que él también lo puede creer sin vacilación alguna.

Ejemplo de un caso necesitado con urgencia de ser definido por el Papa según el sentido del depósito anterior infalible.

El Concilio Vaticano II en Dignitatis Humanae dice:

1) “El derecho a la libertad religiosa no se funda en la disposición objetiva de la persona, sino en su misma naturaleza.”(DH I, 2)

En otras palabras, ¿este decreto enseña que este derecho es un derecho natural, dado por Dios? (Por natural siempre se ha entendió que es de la naturaleza, ¡dado por Dios!)

2) “Por lo cual, el derecho a esta inmunidad permanece también en aquellos que no cumplen la obligación de buscar la verdad y de adherirse a ella.” (DH I, 2)

Preguntamos ¿Está enseñando Dignitatis Humanae que los que están en error aún tienen el derecho de promover sus errores públicamente? Sin embargo, la misma Dignitatis Humanae I, 1, dice explícitamente que el sagrado Concilio “deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de los hombres y de las sociedades para con la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo”. ¿ A qué atenerse entonces, si al amparo del DH I,1 la doctrina tradicional católica, como vamos a ver más abajo, parece decir lo contrario a DHI,2 ? Lo menos que se puede señalar de este lenguaje es que es anfibológico.

3) “Las comunidades religiosas tienen también el derecho de que no se les impida la enseñanza y la profesión pública, de palabra y por escrito, de su fe...ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil.” (DH I, 4)

Preguntamos ¿Dignitatis Humanae enseña o no, que este derecho de promover creencias falsas, ha de ser reconocido por los gobiernos en sus leyes civiles? Aquí cabe preguntarse lo mismo que en la anterior cita ¿ A qué atenerse entonces, si al amparo del DH I,1 la doctrina tradicional católica, como vamos a ver más abajo, parece decir lo contrario a DHI,2 ?

El dato revelado y Magisterio anterior Infalible dicen:

Dato revelado:

“Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21).
“El que a vosotros oye, a mí me oye” (Lucas 10:16).
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones... enseñándolesque guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:19).
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura... el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15).

Magisterio Auténtico que se convirtió en Infalible.

Recuérdese lo que hemos dicho más arriba para conocer la mente del Papa: tipo de documento, intención reiterada y dirigida a la Iglesia Universal, así como cierta solemnidad y coincidencia, que en este caso va a convertirse en verdad infalible con la condenación de errores. Fíjense en que ningún Papa citado se aparta de lo que otro dice, manteniendo un discurso plenamente coherente, sin contradicción con otro.

El Papa Pío IX, en su encíclica Singulari Quadam (diciembre 9 de 1854), expresó la necesidad que tiene el hombre de tener a la religión verdadera para guiarlo y a la divina gracia para fortalecerlo:
“Puesto que es cierto que la luz de la razón se ha oscurecido, y que la raza humana ha caído miserablemente de su antiguo estado de justicia e inocencia a causa del pecado original, el cual se comunica a todos los descendientes de Adán, ¿puede todavía alguien pensar en la razón pura como suficiente para la consecución de la verdad? Si alguien ha de evitar resbalar y caer en medio de tan grandes peligros, ¿puede, en vista de tal debilidad, atreverse a negar la necesidad de la religión y la gracia divina para la salvación?”

¿Puede decirse que el hombre tiene el “derecho” de adorar a Dios en cualquier manera que le plazca? ¿Puede decirse que el hombre tiene el “derecho” de promover libremente enseñanzas falsas, sobre asuntos de religión, y esparcir todo tipo de doctrinas erróneas? ¿Puede decirse que el hombre posee el “derecho” — el poder moral — de enseñar y hacer proselitismo con las doctrinas del ateísmo, el agnosticismo, el panteísmo, el budismo, el islamismo, el hinduísmo y el protestantismo? ¿Y qué hay de aquéllos que practican la brujería o el satanismo? Reflexionemos especialmente en esto, por lo que se refiere a los países católicos, donde la religión del país era el catolicismo o lo sean en un futuro. ¿Estarían obligados los gobiernos católicos a permitir, por derecho civil, el esparcimiento de todo tipo de doctrinas? Para responder a estas cuestiones, revisemos las enseñanzas de los Papas, los Vicarios de Cristo en la tierra)

En cuanto al término derecho, el Papa León XIII enseñó en Libertas (junio 20 de 1888):

“El derecho es una facultad moral, y como Nos hemos dicho, y no puede repetirse demasiado, sería absurdo creer que aquél pertenece naturalmente, y sin distinción, a la verdad y a las mentiras, al bien y al mal.”

Y en cuanto al asunto de las obligaciones de los gobiernos, el Papa Pío XII enseñó en su discurso a los abogados católicos, Ci Riesce (diciembre 6 de 1953):

“Debe afirmarse claramente que ninguna autoridad humana, ningún Estado, ninguna Comunidad de Estados, de cualquier carácter religioso, puede dar un mandato positivo, o una autorización positiva, para enseñar o para hacer aquéllo que sería contrario a la verdad religiosa o al bien moral... Cualquier cosa que no responda a la verdad y a la ley moral, objetivamente no tiene derecho a la existencia, ni a la propaganda ni a la acción.”

Una vez más, para contestar a las cuestiones mencionadas sobre la libertad religiosa, el verdadero punto es este: el error y las falsas religiones no pueden ser el objeto del derecho natural. (Por natural se entiende que es de la naturaleza, ¡dado por Dios!) Cuando las sociedades otorgan el derecho a la libertad de todas las religiones, el resultado natural es el indiferentismo religioso — la falsa noción de que una religión es tan buena como otra. Continuemos con nuestro estudio de las enseñanzas papales sobre el asunto.

Carta al Obispo de Troyes, por el Papa Pío VII (1814):

“Nuestro corazón está aún más afligido por una nueva causa de pena, la cual, admitimos, Nos tormenta, y da surgimiento a un profundo abatimiento y a una angustia extrema: el artículo 22 de la Constitución. No solamente permite la libertad de cultos y de consciencia, para citar los términos mismos del artículo, sino que promete apoyo y protección a esta libertad y, además, a los ministros que son expresión de los cultos... Esta ley hace más que establecer la libertad de todos los cultos, sin distinción, también mezcla la verdad con el error y coloca a las sectas heréticas, y hasta al judaísmo, en igualdad con la santa e inmaculada Esposa de Cristo, fuera de la cual no hay salvación. Además de esto, al prometer privilegios y apoyo a las sectas heréticas y sus ministros, no solamente se toleran y favorecen sus personas, sino sus errores. Esta es implícitamente la desastrosa y siempre deplorable herejía que San Agustín describe en estos términos: ‘Afirma ella que todos los herejes están en el camino correcto y hablan la verdad. Esto es tan monstruoso absurdo que no puedo creer que secta alguna la profese.”

Mirari Vos, por el Papa Gregorio XVI (agosto 15, 1832):
“Otra causa que ha producido muchos de los males que afligen a la Iglesia es el indiferentismo, o sea, aquella perversa teoría extendida por doquier, merced a los engaños de los impíos, y que enseña que puede conseguirse la vida eterna en cualquier religión, con tal que haya rectitud y honradez en las costumbres. De esa cenagosa fuente del indiferentismo mana aquella absurda y errónea sentencia o, mejor dicho, locura (deliramentum), que afirma y defiende a toda costa y para todos, la libertad de conciencia. Este pestilente error se abre paso, escudado en la inmoderada libertad de opiniones que, para ruina de la sociedad religiosa y de la civil, se extiende cada día más por todas partes, llegando la impudencia de algunos a asegurar que de ella se sigue gran provecho para la causa de la religión. ¡Y qué peor muerte para el alma que la libertad del error! decía San Agustín.”

Quanta Cura, por el Papa Pío IX (diciembre 8 de 1864):

“Y, contra la doctrina de la Sagrada Escritura, de la Iglesia y de los Santos Padres, estas personas no dudan en afirmar que 'la mejor forma de gobierno es aquella en la que no se reconozca al poder civil la obligación de castigar, mediante determinadas penas, a los violadores de la religión católica, sino en cuanto la paz pública lo exija'. Y con esta idea de la gobernación social, absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia católica y a la salud de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor, de Feliz Memoria, locura (deliramentum): esto es, que ‘la libertad de conciencias y de cultos es un derecho propio (o inalienable) de cada hombre, que todo Estado bien constituido debe proclamar y garantizar como ley fundamental, y que los ciudadanos tienen derecho a todo tipo de libertades, por la cual pueda manifestar sus ideas con la máxima publicidad -ya de palabra, ya por escrito, ya en otro modo cualquiera-, sin que autoridad civil ni eclesiástica alguna puedan reprimirla en ninguna forma.”

Las siguientes proposiciones fueron condenadas por el Papa Pío IX en el Sílabo de Errores (diciembre 8 de 1864):

Antes de leerlas, debido a que algunos han comentado que estas proposiciones no son infalibles, les recuerdo la definición de verdades infalibles que vimos al principio: El tercer grado incluye todas las proposiciones definidas por la Iglesia de una manera infalible, pero sin ser expresamente definidas como reveladas, y también todas aquellas cuyas contradictorias hayan sido condenadas por la Iglesia con nota inferior a la herejía. Pues bien, he aquí verdades infalibles como condenaciones dadas por la Iglesia con nota inferior a la herejía.

“15. Todo hombre es libre de abrazar y profesar la religión que él, guiado por la luz de la razón, considere como verdadera.”
“55. La Iglesia debe estar separada del Estado, y el Estado de la Iglesia.”
“77. Al presente, ya no es conveniente que la religión Católica se considere como la única religión del Estado, en exclusión de otros tipos de cultos.”
“79. Además, es falso que la libertad civil de todo tipo de culto, y la otorga de poderes totales para abierta y públicamente manifestar cualesquier opiniones y pensamientos, conduzca más fácilmente a la corrupción de la moral y de las mentes de la gente, y a la propagación de la peste del indiferentismo.”

Libertas, por el Papa León XIII (junio 20 de 1888):

“...La sociedad civil debe reconocer a Dios como a su Padre y Fundador, y debe obedecer y reverenciar Su poder y autoridad. La justicia, por tanto, prohíbe, y la razón misma prohíbe, al Estado ser ateo; o adoptar una línea de acción que termine en la impiedad —a saber, tratar a las varias religiones (como ellos las llaman) como iguales, y otorgarles derechos y privilegios iguales.”

“A partir de estas enseñanzas papales, es obvio que los gobiernos católicos estarían obligados a legislar en contra del “derecho” que permite a todas las religiones esparcir sus errores en una sociedad católica. La única excepción sería la tolerancia de estas religiones en áreas donde ya se han establecido, y esta tolerancia sería para alcanzar un bien mayor. No entenderlo así, nos conduce a la sin razón de una monarquía católica, la de Juan Carlos I, Rey de España, que promulga una ley del aborto, cuya práctica viola la voluntad divina.
Esta es la enseñanza del Papa León XIII en Libertas:

“No concediendo, en tanto, derecho alguno salvo a lo que es verdadero y honesto, la Iglesia Católica no prohíbe a la autoridad pública el tolerar lo que está en desacuerdo con la verdad y la justicia, por motivo de evitar un mayor mal, o para obtener o preservar un mayor bien.”

Parece evidente que en Dignitatis Humanae el sentido de la libertad es:

En relación con la evolución homogénea de la doctrina. Una evolución que parece contraria a las verdades infalibles, o al menos si no lo es, inclina con facilidad a entenderla y aplicarla en ese sentido, en algunos casos. Una evolución que parece ir en sentido diferente y aveces con fórmulas nuevas que no puede ser, por lo tanto, homogénea, por estar inconexa con el depósito.

En cuanto hecho dogmático.

Puesto que nada de la Dignatis Humanae, contenida en el Concilio Vaticano II, un Hecho Dogmático, ha sido infaliblemente definido, no requiere más asentimiento que el del Magisterio Ordinario en aquello no contrario a lo definido, porque los hechos dogmáticos, aunque pueden ser infaliblemente definidos, no son infalibles hasta que no se produzca la definición, cosa que ningún Papa ha querido hacer.

En relación con la infalibilidad.

Puesto que el Concilio Vaticano II por ser ecuménico es Magisterio Auténtico, sólo goza de una infalibilidad de conjunto, no aplicable necesariamente a una parte del mismo, como por ejemplo, a algunos puntos de la Dignitatis Humanae si se entendieran contrarios al Syllabus de Pío IX.

En relación con el depósito de la fe.

Si, efectivamente, hubiese explicación contraria o diferente de lo definido infaliblemente anteriormente, jamás los conceptos opuestos y distintos a lo contenido en el depósito, por la Dignitatis Humanae podrán ser definidos como infalibles, por expresar una evolución no homogénea de aquél, ni le es legitimo exigir ningún tipo de asentimiento. Como ni la Iglesia ni Pedro tienen autoridad para explicar falsas doctrinas, ese supuesto error o concepto anfibológico debería ser corregido con un documento pontificio con intención de definir infaliblemente – afirmando o condenando- o al menos con Magisterio plenamente Auténtico , sin esperar a un nuevo concilio.

Sin embargo, si el concepto de libertad religiosa contenido en Dignatatis Humanae, tan sólo es confuso, necesario será recordar que lo ordenado confusamente no obliga, por lo que será necesario y urgente explicar el concepto con autoridad magisterial infalible o auténtica, vistos los frutos de la ambigüedad, y en el mismo sentido del depósito custodiado. Proponemos ahora a la reflexión un texto del entonces Obispo de Coria Cáceres, Monseñor Llopis Ivorra, que presentó en el Aula Conciliar del Vaticano Segundo. Como se podrá comprobar en su aportación, desgraciadamente desoída por el Aula Conciliar, manifiesta un concepto de libertad concorde con el Magisterio definido, por lo que no sólo es concorde al contenido del depósito, sino tampoco que en nada aporta algo diferente.

“En el pasaje en que se trata del respeto hacia la persona humana y su derecho a no ser coaccionada -contra su voluntad- a abrazar la fe católica, sería conveniente eliminar las alabanzas atribuidas a aquellas naciones que consideran como un elemento constitutivo del bien común el derecho a la libertad religiosa tanto individual como colectiva.
La Constitución que estamos estudiando tiene como objetivo esclarecer el respeto debido a la persona humana y no, en cambio, tratar del problema de la libertad religiosa, sobre el cual ya hay un documento conciliar especial
El respeto debido a la persona humana exige que no se le obligue a ésta a abrazar, por la fuerza, la fe católica, a fin que su acto de adhesión a la fe sea libre y meritorio; pero no autoriza a considerar como un bien común cualquier forma de libertad religiosa. No se puede admitir que la libertad religiosa sea por sí misma un elemento constitutivo del bien común. La libertad religiosa es la libertad de adquirir y profesar la verdadera religión.
Cuando ya se posee ésta, la libertad religiosa consiste en defender al hombre de los peligros de perderla. En cambio, cuando no se posee la verdadera religión la libertad religiosa consiste en que el hombre pueda fácilmente adquirirla, porque el hombre tiene derecho a adquirir la verdadera fe.
De aquí que Cristo haya dado a la Iglesia el mandato de predicar el Evangelio a toda criatura. El Divino Maestro, con ese mandato, impuso de suyo, como obligatoria la religión verdadera. Por eso cuando el esquema afirma que proporcionan gozo al pueblo de Dios aquellas naciones que consideran como elemento constitutivo del bien común la libertad religiosa, hay que distinguir dos casos: si esas naciones no poseen la verdadera religión es bueno que favorezcan la libertad religiosa; si ya poseen la verdadera religión, no. Corríjase el esquema en este sentido. "

He querido tan sólo recoger los principios y mostrar como aplicarlos en algunos párrafos de la Dignitatis humanae; no creo necesario hacerlo en relación con el ecumenismo o la sagrada liturgia, porque ese razonamiento lo dejo al albur de cada lector, a la luz de los principios católicos inamovibles señalados.
Para aquellos hermanos cegados, sin culpa, que sólo ven buenos frutos del Concilio Vaticano II por doquier e ignoran la grave crisis de las misiones, de las órdenes religiosas, de las vocaciones, de la asistencia a las iglesias..., les quiero responder con una frase de Santo Tomás: “El efecto resultante de un acto no hace a éste malo, si era bueno, ni bueno si era malo”.

Los que consideramos que “aquellos polvos vienen de estos lodos”, hacemos nuestro el lamento de todos los Papas, tras el Conclio:

La Iglesia se encuentra en una hora inquieta de autocrítica o, mejor dicho, de autodemolición. Es como una inversión aguda y compleja que nadie se habría esperado después del Concilio. La Iglesia está prácticamente golpeándose a sí misma (Pablo VI: discurso al seminario lombardo 7/12/1968).”

Por alguna rendija se ha introducido el humo de Satanás en el templo de Dios...También en la Iglesia reina ese estado de incertidumbre. Se creyó que después del Concilio vendría una jornada de sol para la Iglesia. Ha llegado, sin embargo, una jornada de nubes, de tempestad, de oscuridad (discurso de Pablo VI el 30/06/1972).”

Es necesario admitir con realismo, y con profunda y atormentada sensibilidad, que los cristianos hoy, en gran parte, se siente extraviados, confusos, perplejos, e incluso desilusionados; se han esparcido a manos llenas ideas contrastantes con la verdad revelada y enseñada desde siempre; se han propalado verdaderas y propias herejías en el campo dogmático y moral, creando dudas, confusiones, rebeliones; se ha manipulado incluso la liturgia; inmersos en el relativismo intelectual y moral, y por esto en el permisismo, los cristianos se ven tentados por el ateísmo, el agnosticismo, el iluminismo vagamente moralista, por un cristianismo sociológico, sin dogmas definidos y sin moral objetiva (Juan Pablo II: discurso en el Congreso de Misiones Populares, O:R. 7/02/1981).”

"En los decenios sucesivos al Concilio, algunos interpretaron la apertura al mundo como un pasaje a la secularización, entreviendo en ésta valores de enorme espesor cristiano como la igualdad, la libertad y la solidaridad, y mostrándose dispuestos a hacer concesiones y a descubrir campos de cooperación"..."Hemos asistido a intervenciones en debates éticos de responsables eclesiásticos que iban al encuentro de las expectativas de la opinión pública, sin hablar de ciertas verdades fundamentales como la fe, el pecado, la gracia, la eternidad"....”Poco a poco esto causó la autosecularización de muchas comunidades eclesiásticas, las cuales esperando agradar a los que luego no llegaron, causaron la retirada de los que se sintieron traicionados y desilusionados"..."Actualmente existe una nueva generación, nacida en este ambiente eclesial secularizado, que en lugar de registrar apertura y consensos, ve en la sociedad que la brecha de las diferencias y contraposiciones al magisterio de la Iglesia, sobre todo en el campo ético, se alarga cada vez más" (Benedicto XVI: discurso a los obispos de Brasil en visita “ad limina”)
Pero además de lamentarnos oteamos y vivimos esta esperanza que Thomas Mann describe en su Elegido, “mientras el mundo se lanza a la barbarie, él se refugia con espíritu de penitencia y religión en la humana soledad de un inalcanzable escondite; allí se hace montaraz, diminuto, se nutre de hierba y de tierra, se convierte en una heredad orgánica donde habita el hombre, pero en la que el hombre resulta irreconocible. Sin embargo, en un momento decisivo para la Cristiandad, la Providencia (divina) encuentra al pequeño monstruo semihumano y los legado romanos lo traen a Roma, lo alzan a la cumbre pontifical, y lo consagran a la renovación de la Iglesia y a la salvación del género humano.

O bien esta otra, no incompatible con la anterior, que tomamos de Romano Amerio y concordante con aquel dicho de Pablo VI: “La Iglesia será un puñado de vencidos”: “ A la engañosa expansión de una Iglesia diluida en el mundo corresponde una progresiva contracción y disminución en un pequeño número de hombres, una minoría en apariencia insignificante y moribunda, pero que contiene la concentración de los elegidos, el testimonio indefectible de la fe.”

Apunte final.

No siendo miembro yo de ninguna Fraternidad, ni habiendo asistido nunca a una de sus iglesias para oír Misa, está demostrado que durante décadas se impuso de hecho en la Iglesia, la idea de que la Misa tridentina estaba abrogada y se denostó a todo aquel que resistiera y se empeñase en celebrar la Santa Misa con el antiguo Misal de Juan XXIII. Contra éstos se opusieron los Papas Pablo VI y Juan Pablo II. Al frente de esta justa lucha, defendiendo que jamás la Misa tridentina había sido, ni puede ser abrogada, se puso el Arzobispo Lefebvre. Sin embargo, hubo que esperar al Papa Benedicto XVI para saber lo obvio: que el denostado Monseñor Lefebvre había tenido siempre la razón, a pesar de su error de consagrar obispos y que no justifico, frente a la opinión de la mayoría en la Iglesia, respecto a la Misa tridentina, porque la Misa tridentina nunca fue abrogada, según el Motu Propio Summorum Pontificum del actual Papa.
Ante esto, cabe lógicamente preguntarse ¿Si Monseñor Lefebvre tuvo razón en su postura respecto a la Misa Tradicional, no podría tener, al menos, algo de razón en relación al falso ecumenismo, a la libertad religiosa y a la colegialidad ?

Como ni pienso dar culto de Latría, que sólo se debe a Dios, ni de Hiperdulía, que sólo se debe a la Virgen maría, a ningún Papa, ni tampoco a ningún Lefebvre, considero legítima la pregunta, ante la cuál sitúo a los lectores para responderse con honestidad al amparo de la Madre de Dios y de San Vicente de Lerins, cuyo Communitorio recomiendo encarecidamente leer.

Y ahora, respondiendo a la pregunta que da título a este artículo, respondo: El Concilio Vaticano II no rompe con la Tradición porque no es magisterio infalible, salvo considerado en su conjunto y porque lo contenido en él perteneciente al depósito y que debe ser creído con fe divina, es sólo lo que está de acuerdo con el dato revelado, el dogma y las verdades infalibles custodiadas, pero en todo aquello confuso e interpretable con sentidos contrarios debe prevalecer siempre el sentido del depósito tradicional, que la Iglesia está obligada a conservar. Es justa y legítima la exigencia de que se defina lo dudoso, y mucho más lo que se interpreta contrariamente al depósito, conforme a la doctrina infalible habida de siempre, siguiendo los criterios de San Vicente de Lerins en su Communitorio, para la salvación de tantas almas confundidas.

La verdad definida como infalible prevalece contra lo diferente y contrario e incluso sobre la duda que suscite el magisterio auténtico y ordinario, que sólo tiene infalibilidad de conjunto. Éste no puede ir contra aquella, como una verdad infalible tampoco puede contradecir un dogma, y de la misma manera que un dogma no puede ser contrario al dato revelado, sino que debe estar virtualmente implícito.

En Cristo, con Pedro y bajo Pedro.
González Cipitria, J.R.
Presidente de Una Voce, Cantabria
http://www.matercastissima.org/images/stories/libros/teologia/evolucin%20del%20dogma.pdf